Versátil portulacaria
Plantada en solitario en tiestos grandes y altos para mayor realce de sus tallos colgantes púrpuras y su abundante follaje verde jade. En el suelo del jardín, entremezclando sus constelaciones de hojas con las rosetas de los aloes. A ras del suelo en una rocalla. La Portulacaria afra es un arbusto suculento ornamental que se presta a varios usos. Y todo ello con una mínima demanda de agua y tierra.
Precisamente, porque vive bien con poca tierra y poca agua, la Portulacaria afra es una planta óptima para macetas. “La hemos utilizado mucho en azoteas en Tarudant, en el sur de Marruecos, al sol o a media sombra. Alcanza un gran tamaño: más de dos metros”, cuenta el paisajista Éric Ossart.
Plantada en altas macetas de barro cocido, para gran lucimiento de su particular estructura de ramas, con tallos erguidos y colgantes, y su copioso follaje verde claro, compone un atractivo punto focal en el jardín de Juan Masedo que enseñamos en la foto de arriba. “La suelo usar en maceta justamente por su baja necesidad de riego”, explica el paisajista. “En invierno no lo necesita y en verano cada 15 días para evitar su deshidratación”.
La gran resistencia a la sequía de este arbusto suculento es fruto de su adaptación a su hábitat nativo: las zonas áridas de la región del Cabo y Swazilandia en el sur de África. Por eso mismo no tolera las heladas, un aspecto que se soluciona cultivándola en tiestos que se puedan llevar a un sitio protegido.
La portulacaria en los jardines
Pocas suculentas tienen hojas tan pequeñas: de apenas 1,5-2 cm de diámetro. Son redondeadas y planas, parecidas a las de la Crassula ovata, con la que se la suele confundir. Ambas comparten nombre común: árbol de jade, por el color del follaje, la textura satinada y la forma de arbolito que pueden desarrollar.
Ese follaje perenne verde claro, que contrasta vivamente con el tono burdeos de los tallos nuevos, y la forma irregular de las plantas ponen una nota diferencial en los parterres de suculentas, en contraposición a las rosetas de los aloes, las palmas azuladas del palmito (Chamaerops humilis) o las matas lacias del Hesperaloe parviflora. “Han de situarse con plantas que necesiten poca agua, en un lugar poco ventoso”, aconseja Juan Masedo. Éric Ossart recomienda aportarle compost: “No vive de la nada, el abono la ayuda”.







